¿Salamandras?
La RAE dice que la salamandra es un “anfibio urodelo de unos 20 cm de largo, la mitad aproximadamente para la cola, y piel lisa, de color negro, con manchas amarillas”, aunque admite que para los cabalistas puede tener otro significado: “un ser fantástico, espíritu elemental del fuego”. Desde luego es fácil encontrar otras definiciones y conceptos sobre la salamandra en muchos sitios de internet, en diccionarios diversos, enciclopedias, revistas e historias en los que se adopta el nombre de este simpático anfibio por muy variadas razones. Buscando excusas para escogerla, encontré lo siguiente:
Animal mitológico de aspecto similar a una fusión entre serpiente y dragón, en cuyos vuelos —amenazantes y arrasadores— despedía llamas que destruían a su paso todo el mundo conocido. Una de las más interesantes citas sobre la salamandra, acaso la más antigua de las conocidas hasta hoy, la refiere como el espíritu elemental del fuego; “…criatura majestuosa de violenta belleza, más cercana a una serpiente de torso erguido, con dos extremidades terminadas en cuatro garras a modo de dedos, alas cortas, cola alargada afinándose hacia el extremo y cabeza dragontina, con lengua terminada en punta de flecha…”
A mí me gusta la idea de que la salamandra vive y crece en el fuego, se nutre de éste. La razón por la cual elegí a la salamandra para iniciar este sitio es simple: se identifica con el fuego, vive en él, sobrevive a él y, al contrario de lo que podría esperarse, la renueva. De manera que se puede ir por la vida echándole leña al fuego sin apenas inmutarse. Es posible atravesar el fuego y alimentarse de él.
Se puede, incluso, terminar con una nueva piel.