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Mentira inoculada

Me dejó incrustada una mentira en la cabeza. Me habría gustado que me explicara como desengastarla de mi laberinto cerebral antes de que se fuera, pero hasta que no lo intenté a solas no me percaté de que ignoraba cómo deshacerme de ella. En todo caso, ya era tarde.

«¿Cómo me saco tu mentira de la cabeza?», debí decirle, pero no lo hice; quizá no tuve el valor de hacerlo. Tal vez era mentira que quería deshacerme precisamente de esa mentira, aunque para conseguirlo he probado todo lo que se me ha ocurrido: venenos variados, silencios imaginarios, verdades a medias; pero tiene raíces húmedas que se internan en mi cerebro, bajan por mi espina dorsal, se resbalan lado a lado por las costillas y lo inundan todo. Todo.

Atraviesa,

tu mentira,

mis vísceras.

Se adueña

de mis caderas,

de mis manos,

de mi lengua.

Y, peor, de mis ojos.

¿Cómo se extrae una ficción incrustada en un pulmón? ¿Cómo se confunde a un engaño para que pierda el sentido? ¿Cómo se deshace una mentira que fluye cómodamente en las venas junto al colesterol?

«No te vayas nunca», hubiese querido decirle. Pero quizá eso también habría sido mentira.

 

Publicado en EL ESTAFADOR #168: Mentiras.

La educación prohibitiva

—Hijo —dijo el hombre con una sonrisa temblorosa que cruzaba su cara de lado a lado—, ya puedes estar tranquilo: conseguimos el dinero para pagar la mensualidad del colegio.

—¿De dónde lo sacasteis? —buscó a su madre en la habitación— Mamá no puede dar otro ojo, y ambos necesitáis al menos un riñón.

—Es cierto, pero nos pusimos a sacar cuentas y tu madre pensó que al fin y al cabo para qué queremos dos manos si con una ya hacemos —dijo contento señalando con el muñón de la izquierda su mano derecha.

—¿Fuisteis otra vez al grupo de donación? —los dos ojos del joven parecían a punto de saltar de sus órbitas— ¡Pero, papá, si sabéis que son unos buitres! Os dejarán sin nada…

—Pero podrás estudiar, hijo —respondió con tono tranquilizador—, al menos tú tendrás un futuro.

educacionjavirroyo—¿Y para qué quiero estudiar —replicó el joven al tiempo que ajustaba el freno a las ruedas de la silla de su padre— si no habrá tampoco dónde trabajar?

—Pero fíjate que estarás entero para cuando tengas tu propio hijo —refutó el padre, rascando su única oreja mientras subrayaba esa obvia ventaja.

—Es posible… —tal vez no todo estaba perdido, pensó el muchacho, y añadió esperanzado— ¿Crees que por entonces aún  aceptarán partes del cuerpo?

—Claro que sí, hijo mío: nunca dejarán de tener hambre.

 

Publicado en EL ESTAFADOR #167: Escuela pública.

Ilustración de Javirroyo.

Números

Siempre he sabido que formo parte de algún número. Nací el veintidós del mes cinco de hace muchos años. Cuando nací fui la primera hija, la primera nieta, la primera niña, la número uno. Por supuesto llegaron después esos inevitables números dos, tres y cuatro a intentar quitarme el trono, pero eso es otra historia. Llegar al principio, a veces, te hace quedar al final.

numerosCon el tiempo llegaron muchos otros números: el del documento de identificación, el de la biblioteca, el número de teléfono fijo y luego los consecutivos números de móvil. El número favorito, el número de cumpleaños, el número de amores, el número de amigos, el número de decepciones, el número de alegrías, el número de olvidos, de reencuentros, de verdades y de mentiras.

Todos somos un número, o lo que es lo mismo, una etiqueta; un poco de nada que necesita clasificación. Pero el número que en este momento me quita el sueño, junto a la inmensa cantidad de solicitudes fallidas, es el 6.202.700 al que pertenezco.

«Mi número favorito es el veintidós», le digo a mi hijo de seis años, «el mío es el infinito», me contesta él.

Publicado en EL ESTAFADOR #166: Actualidad

Estrategias

Se sintió odiado, repudiado, asustado, pequeñito; y muy solo. Desde el portal llegaban los gritos, los insultos, los murmullos… todo tan ajeno a él. Escuchaba a su padre hablando por teléfono con alguien, su voz airada, saliendo del rostro cárdeno a punto de explotar, pedía «refuerzos» y escupía, una tras otra, frases entrecortadas que seguramente completaba su interlocutor. Su madre callaba con los ojos enrojecidos, a juego con su marido, como siempre.

La puerta, bajo la presión de muchas manos, emitía un ruidito crujiente, parecido al del pan seco cuando partes un trozo con las manos para rebañar alguna salsa o remojarlo en leche caliente. El pan remojado era delicioso, el adolescente intentó concentrarse en ese gusto lácteo y dulce para espantar al miedo.

***

Nos acercamos a su casa, alguien había conseguido una lista de direcciones sin mucha dificultad y en la asamblea del día anterior decidimos la que nos tocaría ese día. En mi mochila pesaban las pegatinas con consignas y los folletos con la explicación de por qué hacíamos aquello. Me intimidaba un poco la idea de intentar intimidar a alguien con tanto poder, pero estaba tan cansada, tan asqueada de mi vida, tan harta de intentar sobrevivir en una sociedad que me limitaba en casi cualquier aspecto, que necesitaba aquello como quien, sediento, bebe sin respirar, y de un sólo trago, doscientos cincuenta centímetros cúbicos de agua.

***

—¿Y qué hicisteis al llegar allí, tío?

—Tapizamos la puerta y las ventanas con pegatinas.

—¿Y les dijisteis algo más… o sólo eso?

—Hombre, les gritamos que eran unos ladrones… ya sabes, las consignas…

—Ah, sí.

***

¡Corruptos!

¡Perroflautas!

¡Ladrones!

¡Nazis!

¡Mentirosos!

¡ETA!

¡Manipuladores!

¡Terroristas!

***

—Déjalo ya, ¿vale? Ya se cansarán.

—¿Pero cómo lo aguantas? ¡Esto es acoso, collons!

—Todo pasa, todo se agota, todo tiene fecha de vencimiento. Hasta la conciencia.

Joé, qué paciencia tienes, macho.

—No es paciencia, o en todo caso, no sólo es eso. Es estrategia.

—Pues estos no tienen pinta de estar cansados más que de tus «estrategias».

—Que sí, que se cansan, que todo es perecedero, que nada dura para siempre, que «no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista».

—¿De dónde coño sacaste eso?

—Sabiduría popular.

—…

 —Mira, fíjate en lo que duró el sitio en Sol, ¡y ese sí que parecía eterno! Y no… ya te digo que la gente se cansa hasta de estar cansada. No pueden estar ahí toda la vida; es esa, y no otra, la táctica que funciona. La mejor estrategia es el cansancio, la mejor respuesta el silencio, la indolencia es un arma poderosa. No importa lo que parezca ahora: vamos a ganar.

Publicado en EL ESTAFADOR #165: Escraches

Ay, la resaca

Como en casi todos los eventos a los que asiste, en esta fiesta Manuel Peranda es una celebridad menor, pero celebridad al fin y al cabo, así que tiene un éxito relativamente aceptable. Se considera un hombre exitoso: relativamente alto, atractivo para la media, relativamente culto, carismático, relativamente rico, y con los escrúpulos al mínimo, como su cabello de corte perfecto. Manuel Peranda hace carrera política, se encarga básicamente de pisotear a todo el que puede mientras lleva en sus lomos el peso de quienes, a su vez, lo pisotean a él. «Es un buen sistema», piensa, cuando piensa.

Entró al salón y la vio: «¡vaya mujer!», se relamió, «esta es mía». Saludó aquí y allá, hizo un poco la pelota en algún grupo selecto y se la dejó hacer en otro que no lo era tanto. Un chistecillo oportuno aquí, una respuesta obligada por allá. A través de la embriaguez generalizada, no perdió de vista las curvas de su objetivo, quien a su vez le clavó un par de miradas que a él se le antojaron prometedoras. ¡Y vaya si lo eran! Hasta altísimas horas de la noche, cubata tras cubata, rematando con unas copitas de cava, y tras unos cuantos inteligentes juegos de palabras, e incluso posar juntos para el fotógrafo de algún periodicucho, lanzó la propuesta: «¿Nos vamos?». Ella pareció dudar, aunque seguramente ya lo había decidido: «Nos vamos», contestó con una sonrisa apretada en la voz.

La noche no pudo ir mejor, cualquier cosa que Peranda hubiese fantaseado al inicio de la noche, al amanecer, justo antes de cerrar los ojos, era ya un deseo satisfecho. Se sentía cumplidor: la llenó de besos imposibles, de caricias novedosas, de placeres recién inventados. Se entregó: le regaló confesiones, secretos y abrazos nunca antes dados. Esa mujer era ya suya, el último pensamiento antes de rendirse al sueño fue el eco de sus gemidos: después de aquello era imposible que esta presa se le escapara. Y más que presa se dijo que tenía cara de trofeo, de esos que se pueden exhibir y quedan bastante bien. «¿Señora Peranda?», se atrevió a imaginar, «bueno, habría que pulirla un poco antes».

La mañana llegó tarde pero contundente, el sol entraba por la ventana decidido a calcinarlo. Se despertó con parsimonia, olisqueó la noche de juerga en sus sábanas. Ella, ausente; él, halagado, supuso que habría ido a buscar el desayuno: «¡si es que es perfecta, coño!». Descubrió su móvil tirado en el suelo, descargado de la noche anterior. Lo enchufó; mientras bostezaba, indolente, el aparato emitía sonidos que anunciaban mensajes y alertas varias que iba ignorando una por una hasta que descubrió un mensaje de su asesor: «Joder, tío… dónde estás? Enciende la tele… o al menos entra al puto Facebook!».

Encendió el televisor, se buscó para encontrarse en menos de un minuto. La saliva espesa a juego con el alcohol que aún nadaba en su sistema circulatorio le hicieron replantearse la bebida, pero nada tanto como ver sus secretos expuestos como la ropa recién lavada en el tendedero a pleno sol. Mirando la pantalla, el dolor en su cabeza amenazaba con hacerse corpóreo, decidió que la resaca sólo sirve para darte cuenta de lo estúpido que puedes llegar a ser en medio de una buena borrachera.

Publicado en EL ESTAFADOR #164 |La resaca

La fractura venezolana

Dudar sin morir en el intento

Por Belisa Bartra y Laura Abella

Es muy grave que la herramienta por excelencia —léase periodismo— para informarse de lo que pasa en el mundo esté tan parcializada, que sea realmente difícil entender cualquier proceso o evento que ocurra en algún punto alejado del entorno habitual de cualquier habitante del planeta.

¿En qué piensa un periodista cuando reseña una noticia? ¿Entiende que sus lectores, ávidos de entendimiento y de claridad, asumirán (por suerte no todos) que este ha contrastado su noticia? Yo creo que no sólo lo entiende sino que, lamentablemente, en la mayoría de los casos, lo utiliza. Los medios de comunicación, en su mayoría, tienen, cada uno, su postura ante un hecho concreto y tiñen la información de manera que sea imposible reconocer otro color más que el que interesa a estos que se vea.

Información y opinión parecen haberse fusionado en “comunicación”, mientras que antes se mostraba un sólo hecho acompañado con opiniones diversas, ahora los hechos parecen distintos en cada medio, como si se hablara de realidades distintas.

En Venezuela, por ejemplo, el tinte habitual de las noticias depende del bando en el que se encuentre quien reseña. ¿Cómo entender un proceso tan complejo, leyendo una noticia, sin tomar en cuenta la postura, oficialista u opositora, de quien la genera? Después de las elecciones del 14 de abril, el caos parece haberse adueñado del país caribeño. Por un lado, Nicolás Maduro se asume ganador con un pequeñísimo margen (si lo comparamos con resultados electorales anteriores), pero ganador, al fin y al cabo. Por el otro, Henrique Capriles llama a la ciudadanía a levantarse y exigir un recuento de los votos, poniendo en duda la veracidad de todo el proceso. De la que es muy válido dudar, dicho sea de paso.

Es poco probable que haya existido un fraude electoral, puesto que de haberlo, el margen de ventaja anunciado seguramente habría sido bastante menos discreto. Eso sin contar que la Fundación Jimmy Carter ha avalado en repetidas ocasiones los procesos electorales venezolanos, de manera que Maduro no debería temer al recuento de votos que, según el CNE, lo declara ganador; y en cambio debería demostrar esa dignidad que dice tener. Quizá el voto en el extranjero marque la diferencia, quizá no. Lo que sí está claro es que si el pueblo exige recuento, así habría de ser.

VenezuelaSurgen preguntas en distintas direcciones: ¿por qué Capriles se lanza, a pocas horas de haber concluido el proceso electoral, a enardecer a las masas, a sabiendas de que ya están bastante encendidas y que, además, esto puede ser peligroso? ¿Por qué Maduro acelera su proclamación oficial como presidente? ¿Por qué hay cientos de testimonios de cajas con papeletas de votación quemadas, en la basura, desaparecidas? También me pregunto si alguien ha contrastado que sea real… ¿a nadie se le ha ocurrido que esto podría ser un montaje? ¿Y por qué el oficialismo se niega al recuento de votos? ¿Por qué hay tan poca gente que duda de ambos bandos? La mayoría de las personas asume que su opinión es una verdad absoluta, niega cualquier postura contraria a la suya.

Maduro no hace honor a su apellido: es un político inmaduro, con pocas tablas y poca vista, su relativo éxito se lo debe a la herencia del presidente Chávez, con quien dice mantener algún tipo de comunicación de ultratumba que le inspira. No estaría de más que cambiara al pajarito por un buen consultor en comunicación política.

Por su parte, Capriles parece haber perdido el contacto con la realidad de los ánimos del país que pretende presidir: para empezar es impropio de un presidenciable el comportamiento conspiranóico que detenta, en un juego político que luce bastante torpe, lo que va a conseguir es endiosar a su contrincante y llevarlo a los altares de la política.

Se diría que tanto Capriles como Maduro olvidan que el pueblo venezolano consiste en la unión de todos los venezolanos, no sólo de quienes les apoyan. A Capriles no se le debería olvidar que los “chavistas” son parte del pueblo a quien pretende servir. A Maduro no se le debería olvidar esto tampoco: los “escuálidos” son tan venezolanos como el resto. Los políticos son servidores, pero en el fondo no se asumen como tales.

Si la parte del pueblo que está en contra del oficialismo, exige un recuento de votos, ¿por qué negarlo? ¿para qué? ¿A Maduro se le olvida, acaso, que es el pueblo quien lo sienta en la silla presidencial? Lo mismo parece olvidar Capriles. Es curioso, opino, que a nadie se le ocurra pensar en que, sin importar en qué bando dicen estar, ambos políticos persiguen la silla presidencial, que se traduce en poder.

Yo creo que si se habla de derechos, cabe esperar que sean exigidos. Todos.

La polarización que vive Venezuela a día de hoy, pero desde hace ya bastante tiempo, ha creado una fractura en la sociedad que seguramente tardará bastante en sanar. La demonización de la izquierda, por parte de los opositores se hace tan absurda como la demonización de la derecha, por parte de los oficialistas. En Venezuela nada parece afín a la cordura en este momento. El diálogo, la empatía y la tolerancia lucen extranjeros. El fanatismo hace demasiado ruido.

Sin embargo, en algún momento hay que darle cabida a un proceso de conciliación. Las pasiones encendidas en torno a este tema matan cualquier atisbo de objetividad en las opiniones. Venezuela está fracturada, y la duda, que podría sanar esa herida, parece alejada de las masas convencidas todas de su verdad absoluta.

La fractura venezolana en el blog de Laura Abella.

Publicado en EL ESTAFADOR #164 | Actualidad: La estafa de última hora

Sistemas

La realidad es que estamos atrapados en un sistema de sistemas del que no vamos a salir. Nunca. La única verdad es que eres esclavo del sistema, de cualquiera, de todos, porque para salirte de un sistema, necesitas de otro.

La Vía láctea, que contiene millones de sistemas planetarios entre los que se encuentra nuestro sistema solar, que dirige cada uno de los movimientos estelares y planetarios; en nuestro caso el planeta Tierra, del que, asumámoslo, es imposible escapar con vida. Hasta un satélite pequeño y sin luz propia puede imponer su criterio: la Luna es prueba fehaciente de esto, ¿cómo no bailar al ritmo de sus vaivenes caprichosos, sus mareas y sus mareos?

tragarRubioEl sistema social y político establecido en cada continente, que a su vez se divide en otros sistemas específicos para cada país, luego uno para cada ciudad, pueblo, calle, casa, habitación, persona. Y dentro de cada persona hay un cerebro, el dueño del cotarro, que regula el sistema límbico, del que no puedes prescindir si quieres sentir algo, ser, y por tanto, sobrevivir. El sistema nervioso, sin el que no podrías percibir tan siquiera un leve roce de pieles; el sistema óseo y el sistema muscular, de alguna manera hay que mantenerse en pie; el sistema respiratorio, te crees libre cuando tomas aire, pero la prueba de que eres su esclavo es que no puedes pasar sin él; el sistema digestivo, todo lo que te tragas, quieras o no; el sistema excretor, de algún modo hay que deshacerse de lo inservible; el sistema reproductor, a pesar de todo, quieres expandirte; el sistema endocrino, malditas hormonas; el sistema inmunológico, o la esperanzadora idea de que algo te protege. El sistema circulatorio: saber que circulas libremente por todo mi cuerpo y encima, me atraviesas el corazón.

El problema es creer que el problema es el sistema.

Ilustración de Rubio.
Publicado en EL ESTAFADOR #162 | El sistema

Escritura creativa en Barcelona

El sábado 20 de abril (justo antes de Sant Jordi) estaré en creAR·T dando un taller de Escritura creativa para niños y jóvenes gratuito. La idea es divertirse, expandirse, aprender a jugar con la palabra escrita, dejar volar la imaginación. Las plazas son limitadas, de manera que si estáis interesados, reservad la plaza con tiempo a través del correo electrónico: info@crear-t.es.

PROMO-escritura-creativa-gratis-20-abril

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