Cicatriz en el espejo
Camino sobre una hojilla
con los pies descalzos.
No me sangran los pies,
pero sí las manos.
Leo en el espejo una cicatriz, blanda.
Una hojilla desliza su borde
liso
pulido
afilado
Resbala por la piel, abre un surco.
(Abrió, rasgó, penetró).
Brilla y lacera.
Mate y desangra.
Rota y deshecha.
Soy un árbol de bosque intrincado.
Hieres mi hoja, me partes.




Se me queda “Leo en el espejo una cicatriz, blanda”. Hace poco escribí algo que decía más o menos así: “Hoy me dio por acariciarme la cicatriz”. Hablaba de cuando las heridas han cicatrizado, pero nos da por tocarlas, comprobar si en verdad ya cerraron o al acariciarlas suavemente vuelven a sangrar.
Te leí, y estoy de acuerdo, algunas cicatrices tienen la virtud de revivir a la menor caricia.
Un relato nuevo que se descubre cada vez que se lee.
Me gusta descubrir capas y capas en cada texto que leo y que escribo.