La verdad que se me escapa
No es que la verdad se nos escape
Es que todo se le escapa a la verdad
No es que la muerte nos alcance
Es que todo es alcanzado por la muerte
De Carlos Skliar, en “hilos después”.
—Y eso que escribes, ¿es real o es ficción?
—Todo es ficción.
—O sea que mientes.
—No, sólo es ficción.
Cuántas veces me he preguntado qué es lo que de veras quiero expresar. Y me digo: la realidad que yo percibo, eso quiero decir. Pienso que lo que realmente intento decir es lo que no digo ni demuestro, pero sé que se me escurre. Se me escapa la verdad. Mi yo real envuelto en capas y capas, murallas tras muralla; porque aunque atraviese mil cabezas, sólo tengo la mía.
Como todos, temo que mi interior sea dañado. Supongo que no aguantaría regalar mis certezas y que fuesen maltratadas y terminaran deshechas, desmembradas. Por eso escribo ficción, por eso escupo mis verdades camufladas. Yo no miento, omito. Invento, recreo, imagino.
Las realidades se me entremezclan con ficciones. Teatro de vulnerabilidades disfrazadas.
Soy de esas personas que dicen la verdad, pero claro, ella tiene muchas caras, muchos peinados, muchos vestidos. Si hoy va de amarillo, el cabello de moño alto y maquillaje leve, mañana irá con chaqueta de cuero, bufanda de lana y pantalones de mezclilla.
El cabello suelto, las palabras atadas. Es todo y es nada. Así es mi verdad: inquieta, ama los disfraces, las sombras, los escondites, los velos, los juegos, las metáforas. Mi veracidad —que es la de otros, de tantos— se entiende murallas adentro, por fuera es un espejo. La verdad que me guardo no es entregable, la que regalo es descifrable.
—¿De dónde salen esas mentiras?
—Pues de la verdad que se me escapa.








