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Un caballero no tan santo.

Me encanta la celebración del 23 de abril: Sant Jordi. La ciudad se convierte en una gran librería romántica: paraditas con aroma a papel en cada esquina, puestos de rosas de todos los colores arrojando su delicado perfume. A mí sólo me molesta el caballero canonizado y el dragón demonizado.

Para quien desconozca esta leyenda, se trata de la historia de un dragón que se alimentaba de doncellas (el alimento natural de los dragones, ¿qué van a comer si no? ¿hierba? ¡Eso es para vacas!). Las doncellas proveen a los dragones de todos los nutrientes necesarios para darles la fuerza requerida para cumplir con su destino de dragón: limpiar los reinos incinerando pueblos inútiles y luchar al lado de nobles caballeros, y hablo de nobleza de corazón, que la otra no es real (en ningún sentido). Aparentemente, el dragón en cuestión, tenía preferencia por el sabor de las doncellas de cierto reino. Todo el mundo tiene preferencias culinarias (él no iba a ser la excepción) y le iba de fábula hasta que se le ocurrió probar un bocadito de princesa: «¡Ñam, princesa!», se relamía.

Se sabe —pero obviamente el animal no lo sabía— que cuando te metes con los poderes fácticos tienes todas las de perder. De manera que en cuanto el dragón anunció que esta vez se zamparía una doncella perteneciente a la casa real (por aquello de que estaba sazonada con aquella salsa azul que en humano se llama sangre), saltaron todas las alarmas en el reino. El rey alzó la ceja izquierda y con ese leve movimiento dejó claro que no, que esa doncella, no, «¿es qué no hay suficientes lavanderas, tenderas o panaderas?».

Ahí entró aquel caballero en acción: Jordi, quien decidió que una oportunidad como esa difícilmente se repetiría y puso manos a la obra. Más bien, espada y lanza en ristre se lanzó al ataque de aquel pobre —y desarmado— animal. Muerto el bicho, ¿fue el caballero acusado de dragoncidio? Sant Jordi asesinando al dragón con la princesa como testigo¿hubo, acaso, manifestaciones en contra del maltrato animal? ¿el rey en su papel de representante divino, y justo, castigó al bandido? No, una vez más, se demostró que la justicia no habita el mismo suelo que zapatean las minorías, porque una vez asesinado el dragón, el caballero Jordi fue canonizado, ensalzado, alabado y convenientemente casado con la princesa a quien había salvado de convertirse en plato principal.

Desde luego, lo que es innegable es que era un excelente estratega. He aquí las huellas de una campaña de marketing admirable: ¿cómo puede tener tan mala fama el dragón si fue la víctima? Digo, es él quien está a no sé cuántos metros bajo tierra fosilizado, probablemente junto a los huesos que quedaron de las plebeyas que nadie defendió. Resulta que un pobre animal no tiene derecho a su comida. Resulta que cuando se le ocurre probar un bocadito de princesa, ¡entonces el caballero sí hace algo! como siempre: hay que estar enchufado. Así que Sant Jordi sólo defendía princesas, las plebeyas sí podían ser comida de dragón.

En conclusión, el día de Sant Jordi yo estoy a favor del dragón, porque estoy en contra del maltrato animal.

Personas con influencia que maltratan a las minorías para quedar bien con los gobernantes… no han cambiado tanto las cosas.

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