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Currently Browsing: Llamaradas

A dos voces, a cuatro manos

Divertimento literario a cuatro manos con Carmen María Hergos (quien escribió los versos primero y tercero de cada estrofa).

Destartala como un sacudidor el mármol y sus instructivos
Encuentra caminos abiertos insinuados en las grietas de algunas paredes
Recorre y camina y da vueltas sobre ti misma, detenido el viento.
Consume el aire, tu fuego.

Y si las encrucijadas no dejan de crujir, el sonido es movimiento
Cada sonido, una gota, una onda, que toca. Se va.
Y en cada fuego consumido un hambre que renueva
Y en cada soplo en tu oído un carbón que se enciende.

Agrieta la rigidez de tu destino, sopla el polvo de tus dedos
Deja que caiga la fruta, madura, encendida, jugosa.
Y préndele un alfiler a tus roturas, cicatrices hacia adentro
Con las agujas de tus tacones, borda otro camino. Y báilalo.

Cicatriz en el espejo

Camino sobre una hojilla

con los pies descalzos.

No me sangran los pies,

pero sí las manos.

Leo en el espejo una cicatriz, blanda.

Una hojilla desliza su borde

liso
pulido
afilado

Resbala por la piel, abre un surco.

(Abrió, rasgó, penetró).

Brilla y lacera.
Mate y desangra.
Rota y deshecha.

Soy un árbol de bosque intrincado.
Hieres mi hoja, me partes.

Cicatriz en el espejo

La ausencia presente

Nada como las ausencias para inspirarte a escribir ríos de añoranzas.

El río, que abre surcos en la montaña para inundarla, y la montaña, que se abre para que el río la inunde.

Nada como las presencias para inspirarte a escribir ríos de lava.

El volcán suelta su lava y, con furia, abre surcos en la montaña, y ella arde para él, y abre sus caminos para que el fuego la derrita.

Nada como las ausencias que son presencias constantes y te inundan como para escribirlas.

Y que tú seas río de lava, y que yo sea montaña.

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