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Grito

Me gritó con toda su alma. Y eso fue lo que vi: su alma. Vi su ser desnudo, vi su dolor sin adornos, vi el pozo en el que se hundía, vi sus noches sin techo, sus días con hambre de perro callejero, su humillación sin fin rebuscando en la basura un mendrugo para amansar al lobo.

Vi más.

Pude ser testigo de su infancia acompañada por hermanos hoy perdidos, de las canciones de guerra tarareadas muy bajito por la misma voz maternal que hasta los nueve años le dio un beso con cada “buenas noches”.

Era tan hondo ese grito, que tambaleó mis cimientos y abrió una grieta en mi propia alma. Y por esa grieta se colaron tantos dolores que no pude sino compartir su grito.

Fotografía: Du-Arte

Planes de vida

Belisa: Querida vida, tengo planes para ti: no me los cambies.

Vida: Querida Belisa, yo tengo mis propios planes: amóldate.

Belisa: ¿No puedes darme algunas pistas?

Vida: Pues no. Me gusta la improvisación.

Belisa: Eres una inestable incorregible.

Vida: Tengo mis ratos.

Belisa: Podríamos sincronizarnos…

Vida: Si lo hiciéramos no habría más sorpresas, ni lágrimas, ni latidos.

Belisa: ¡Pero habría tranquilidad!

Vida: ¿Y para qué la quieres?

Belisa: No sé, quizá para dejar de sentir esos latidos que quieren abrirme el pecho.

La ausencia presente

Nada como las ausencias para inspirarte a escribir ríos de añoranzas.

El río, que abre surcos en la montaña para inundarla, y la montaña, que se abre para que el río la inunde.

Nada como las presencias para inspirarte a escribir ríos de lava.

El volcán suelta su lava y, con furia, abre surcos en la montaña, y ella arde para él, y abre sus caminos para que el fuego la derrita.

Nada como las ausencias que son presencias constantes y te inundan como para escribirlas.

Y que tú seas río de lava, y que yo sea montaña.

¿Salamandras?

La RAE dice que la salamandra es un “anfibio urodelo de unos 20 cm de largo, la mitad aproximadamente para la cola, y piel lisa, de color negro, con manchas amarillas”, aunque admite que para los cabalistas puede tener otro significado: “un ser fantástico, espíritu elemental del fuego”. Desde luego es fácil encontrar otras definiciones y conceptos sobre la salamandra en muchos sitios de internet, en diccionarios diversos, enciclopedias, revistas e historias en los que se adopta el nombre de este simpático anfibio por muy variadas razones. Buscando excusas para escogerla, encontré lo siguiente:

Animal mitológico de aspecto similar a una fusión entre serpiente y dragón, en cuyos vuelos —amenazantes y arrasadores— despedía llamas que destruían a su paso todo el mundo conocido. Una de las más interesantes citas sobre la salamandra, acaso la más antigua de las conocidas hasta hoy, la refiere como el espíritu elemental del fuego; “…criatura majestuosa de violenta belleza, más cercana a una serpiente de torso erguido, con dos extremidades terminadas en cuatro garras a modo de dedos, alas cortas, cola alargada afinándose hacia el extremo y cabeza dragontina, con lengua terminada en punta de flecha…”

A mí me gusta la idea de que la salamandra vive y crece en el fuego, se nutre de éste. La razón por la cual elegí a la salamandra para iniciar este sitio es simple: se identifica con el fuego, vive en él, sobrevive a él y, al contrario de lo que podría esperarse, la renueva. De manera que se puede ir por la vida echándole leña al fuego sin apenas inmutarse. Es posible atravesar el fuego y alimentarse de él.

Se puede, incluso, terminar con una nueva piel.

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